
En la Casa de la Cultura de Colunga se celebra la exposición de oleos de Rafael del Santo Huerres, con el título "Visión romántica del Far West".
Horario de lunes a viernes de 12:00 a 14:00 y de 19:00 a 21:00, además de los sábados de 12:00 a 14:00 h.
Colunga, 
Braulio FERNÁNDEZ
Es un museo; pero, a diferencia de otros, en el de Colunga uno de cada cinco visitantes es un niño. Se trata de dinosaurios, y lo grande llama aún más la atención de lo pequeño, y por eso el visitante 1.000.000 del Muja tenía que ser infante. Se llama Lucía Menéndez González, tiene 12 años, y viene con su familia por segunda vez al Museo del Jurásico desde Paredes, Siero, porque le «gustan los fósiles», según sus propias palabras. Sorprendida «pero contenta», recibió ayer un pase más grande de lo que esperaba, y unos cuantos regalos que seguramente compensarán el «agobio» de sentirse objeto de los «flashes» y de todas las miradas durante unos pocos minutos.
El visitante 1.000.000 es agasajado para celebrar que el museo ha alcanzado la cifra mágica del millón de visitas sólo seis años después de su inauguración. Ese momento tuvo lugar de forma espontánea cuando pasaban diez minutos de las doce del mediodía, y a la familia sierense que confirmó la cifra ya le debió de parecer que algo raro ocurría cuando, al cruzar el vestíbulo del museo, se encontraron con cámaras de televisión, objetivos fotográficos y algún que otro hombre de corbata con una sonrisa.
Uno de ellos era el director general de Turismo del Principado de Asturias, José Luis Vega, que puso el Muja como «ejemplo» de todos los centros museísticos. «Han pasado 65 meses y el Museo del Jurásico no sólo ha traído 13.000 visitantes a Colunga cada uno de esos meses, sino que ha causado una gran repercusión en la zona», explicaba Vega, recordando que desde la apertura del centro, en abril de 2004, hasta hoy en día, «el número de camas en la comarca se ha duplicado y ahora toda la zona está de moda». El gerente de Turismo del Principado lanzó también un mensaje de futuro asegurando que el centro podría ejercer de «tirón para otras exposiciones de tipo turístico».
Por su parte, para el alcalde de Colunga, Rogelio Pando, el millón de visitas recibidas por el centro museístico de la rasa de San Telmo son, en realidad, «un millón de personas que han pasado por un concejo que cuenta 5.000 habitantes». «El municipio ha prosperado gracias a los 200.000 visitantes al año que se han recibido, dándole una nueva perspectiva turística», añadió.
El Muja, que abrió al público en abril de 2004, se convirtió desde ese año en el museo más visitado de Asturias. Nunca ha abandonado esa posición de privilegio. De hecho, el año pasado visitaron el Muja 140.631 personas, según los datos oficiales aportados por la Consejería de Cultura, responsable de la instalación. De esas visitas, más de 45.000 se registraron durante el mes de agosto, cuando estuvo expuesta en el centro la exposición «Atrapados en el hielo», con piezas procedentes del Museo-Teatro de Moscú. Se trata de la exposición itinerante sobre fauna glacial más importante del mundo, que sólo se había visto previamente en Rusia, los Estados Unidos y Japón.
Los registros de 2009 suponían que por sexto año consecutivo el Muja superaba las 100.000 visitas, ya que en 2008 el Principado contabilizó 135.867 entradas. En el año 2007 se acercaron al museo colungués 152.396 personas. Durante el año 2006 se registraron 139.499 visitantes. En 2005 hubo 131.659 visitas, según los datos aportados por el Gobierno del Principado.
Claro que el récord de visitas se produjo en 2004, año de la apertura del Muja, cuando se acercaron al edificio con forma de huella tridáctila 195.496 personas, una cifra impensable hasta ese momento para un museo asturiano. Así las cosas, el 1 de enero de este año habían entrado al Museo del Jurásico 895.548 personas, lo que significa que este año el edificio de San Telmo ha superado ya las 100.000 visitas.
El museo abre todo el año. Del 1 de enero al 18 de junio y del 13 de septiembre al 31 de diciembre el horario de visitas es de miércoles a domingo, de 10.30 a 14.30 y de 16.00 a 19.00 horas. Entre el 19 de junio y el 12 de septiembre, temporada alta de turismo, el Muja abre todos los días, de 10.30 a 14.30 y de 16.00 a 20.00 horas.
Algunos utilizan la frecuencia mensual para hablar del éxito del Museo del Jurásico de Asturias, y hablan de 13.000, otros la diaria, y se refieren al medio millar, o la anual, con sus 200.000, pero todas esas cifras dan como resultado una misma: los dinosaurios de Colunga ya son millonarios y siguen gustando a grandes y, sobre todo, a los pequeños.
Desde su inauguración, el Muja ha acogido siete exposiciones temporales, cinco presentaciones de libros, catorce conferencias y dos congresos
El centro se inauguró el 1 de abril de 2004, y desde entonces recibe 200.000 visitas al año, de las que un 20% son niños, lo que lo convierte en el museo más visitado de la comunidad autónoma
El equipo científico del Muja ha recuperado 1.210 nuevas piezas, de las que 142 corresponden a huellas de vertebrados; y de éstas, 111 a dinosaurios

Libardón (Colunga), 
Bárbara MORÁN
Mientras unos aprovechan las vacaciones veraniegas para explorar mundos desconocidos hay quienes prefieren nutrirse de recuerdos, aprender las canciones que cantaban sus antepasados y conocer a fondo la cultura y tradición que vivieron sus bisabuelos. Y a esto es a lo que se dedican los alumnos y descendientes de emigrantes asturianos que este verano aprenden el folclore y la tradición musical regional en la Escuela de Verano de Asturiana.
Y dentro de la música asturiana Ramón García Tuero fue sin duda uno de sus máximos exponentes. Hizo historia con el nombre artístico del gaitero de Libardón y su reclamo es tal que ayer una veintena de jóvenes descendientes de asturianos que emigraron el siglo pasado a Chile, Cuba, Puerto Rico y Argentina, entre otros países americanos, le rindieron tributo a golpe de gaita, tambor y baile.
Los estudiantes de asturianía demostraron ser unos aventajados alumnos del folclore asturiano. Deleitaron a los presentes con el himno de Asturias y hasta se atrevieron con la danza del pericote. Todo fue poco para homenajear al gaitero de Libardón, a aquel músico nacido en Villaviciosa y casado con una colunguesa de Libardón y que pronto llegó a convertirse en «nuestro mejor embajador, ya que la cuna de la gaita y la asturianía está aquí en Libardón y él jugó el papel protagonista en ello», en palabras del alcalde de Colunga, Rogelio Pando.
El sentido homenaje al gaitero comenzó a media mañana en su tumba en el cementerio de la población colunguesa. Una ofrenda floral y un breve discurso de recuerdo y agradecimiento al genio de la gaita por parte de su nieto, Juan Carlos Miranda, iniciaron la fiesta. También había entre los presentes descendientes de la familia García Tuero emigrantes en Chile, como sus bisnietos, Enrique Prida del Valle y Ana Maria Prida del Valle, que confesaban estar «muy emocionados» por regresar a Libardón. Entre los alumnos de la Escuela de Asturiania una tataranieta del gaitero, Constanza Prida Villalobo, que al igual que su pariente mostró gran destreza con la gaita asturiana.
Los aprendices de asturianos también visitaron el museo inaugurado hace un mes que rinde tributo al gaitero.
El acto celebrado en Colunga contó con la asistencia de Manuel Fernández de la Cera, presidente del Consejo de Comunidades Asturianas, y de la directora de la Agencia Asturiana de Emigración, Begoña Serrano, entre otras autoridades.

JAVIER DE MONTINI Una monja de Colunga va camino de los altares. El proceso de canonización se abrió en la iglesia de Santiago de Granada el 27 de enero de 2008 y, al cabo de cinco meses, concretamente el 27 de junio de 2008, la hermana Carmen María Palop viajaba a Roma para entregar en el Vaticano dos cajas con la documentación recogida sobre la hermana Stella Iglesias Hidalgo que, devotísima de la Virgen desde su niñez, vivió su vida ayudando siempre a los demás y, muy especialmente, a las chicas del servicio doméstico.
Sé de la existencia de esta singular mujer por Isolina Cueli.
Hablando de mi pueblo, Carrandi, Isolina me contó que, hace algún tiempo, había estado en un lugar del monte (el Sueve), buscando a los parientes de una monja a la que mucha gente invoca ya más como santa que como sierva de Dios.
Me quedé intrigadísimo:
«¿Que van a canonizar a una monja de mi pueblo y yo ni me he enterado?».
Le dije: «Si me hablaras de un cura, del padre Oblado Ramonín Pardo...»
La propia Isolina Cueli me pasó a los pocos días la columna que ella publicó sobre la familia de Stella y vi que el lugar donde vino al mundo está muy pegado a Carrandi, pero no es de Carrandi sino de La Riera.
De todos modos, aunque nada sabía de ella, me caía tan cerca que me dispuse a buscar datos biográficos de la monja para averiguar posteriormente en qué trámites se encuentra el expediente eclesiástico que primero la proclame beata y más tarde santa.
Ante todo, Stella es el nombre adoptado al ingresar en la Congregación de Religiosas de María Inmaculada en Oviedo (antes se les decía «Las Domésticas» o «Las del Servicio Doméstico»).
Su nombre, en el Registro, es el de María Aurelia Iglesias Hidalgo, nacida en Barradiello, de La Riera, Colunga, el 12 de abril de 1899, y bautizada al día siguiente en la parroquia de Santa María de Bierces por el cura Ángel Lara Rodríguez y con Manuel Alonso y María Dolores Corripio de padrinos.
Su padre, Nicolás Iglesias, era natural de Oviedo, del año 1864. Se sabe poco de él porque, recién nacido, fue confiado al hospicio por el procedimiento del «torno» (depositabas al bebé, girabas el torno y una monja lo recogía en el interior). Siempre he oído contar que a los niños que se dejaban sin apellidos, el hospicio les imponía el de Iglesias. En el caso de Nicolás, encaja esta teoría. (Curiosamente, el edificio de aquel Hospicio Provincial con torno abierto hasta los años sesenta fue restaurado y se ha convertido en el actual hotel Reconquista, que año tras año alberga a los galardonados con los premios «Príncipe de Asturias»).
¿Cómo llegó Nicolás a Colunga? Se ignora. Lo que sí consta es que, con 25 años, el 2 de octubre de 1889 contrajo matrimonio en La Riera con Genara Hidalgo Valle, que era un año más joven.
Ella, natural de La Riera, había nacido el 1 de noviembre de 1865.
Aunque el hombre moriría muy joven, con sólo 43 años, a causa de un enfermedad del pulmón, Nicolás Iglesias dejó a su mujer viuda... ¡con doce hijos! La típica familia numerosa de los pueblos en que los chicos mayores cuidan de los pequeños.
María Aurelia, ya de monja, recordaba haber cuidado de su hermano Vicente «que era muy pequeñito» y al que, naturalmente, llevaba a las tierras de cultivo y, a veces, hasta subían al monte. Y bajaban solos, claro es.
Ella era la sexta de los doce hermanos. En cuanto pudieron, los mayores buscaron fortuna en tierras de América. Unos tras otros emigraron a Buenos Aires, Carmen, Germán, Severino, Argimiro, Vicente, Rosario y Servanda.
Quien se quedó para siempre en casa, pegada a su madre, fue otra que era sordomuda y a la que, con el mayor cariño, llamaban «La Tata».
En cuanto pudo, María Aurelia también buscó trabajo fuera de Barradiello. Se fue a Oviedo para servir -de niñera- a otra familia también numerosa.
En un momento crucial de su vida, María Aurelia se encontró con que un hombre, su novio, le proponía casarse mientras que sus hermanos de Buenos Aires la reclamaban, enviándole incluso dinero para el viaje.
La madre, Genara, teme que se vaya, teme «perder a otra hija más» y prefiere que se case y se quede en Asturias. Es su hermano Servando el que le transmite el deseo de la madre y el que, sobre la marcha, la impulsa a decidir.
La respuesta de María Aurelia sorprendería a toda la familia: «Dile a madre que ni me caso ni me embarco, que me voy de religiosa... Que lo que quiero es profesar de monja en la Congregación de María Inmaculada», una orden fundada en 1876 por Vicenta María López y Vicuña (Cascante/Navarra, 1847; Madrid, 1896), canonizada por Pablo VI el 25 de mayo de 1975. ¿Objetivo? Aparte la devoción a la Virgen María (que María Aurelia había heredado de su piadosa madre en La Riera), prestaban acogida a las chicas de los pueblos que acudían a las ciudades para trabajar de sirvientes o de niñeras. El ideal de las monjas era... «que las chicas vivan bien y que no caigan en la mala vida».
A Genara Hidalgo, anclada en La Riera, le gustó la idea de una hija monja.
El que lo encajó fatal fue el novio plantado. De rabia, hasta amenazó con ir a Oviedo y «quemar el convento» de su novia María Aurelia.
Con un ajuar mínimo que le regaló una vecina de La Riera, Quintina de la Isla, la colegiala María Aurelia Iglesias Hidalgo ingresó en la Congregación en la Casa de Oviedo (calle San Vicente, 2) el 19 de marzo de 1924, festividad de San José. Tomó la toquilla en una misa cantada, celebrada a las seis y media de la mañana, en la que pronunció una plática el jesuita Padre L. de Santa Ana. Con el nombre de Stella (en memoria de una hermana de Quintina), la chica de Barradiello se comprometía a ser «testigo de bondad y de amor para las jóvenes más necesitadas». El 10 de octubre de ese año hizo los votos.
En 1926, para el noviciado, la enviaron a Madrid, no sé si a la Casa Madre en la calle Fuencarral, 97. El 14 de junio de 1927 fue destinada Córdoba, en donde haría los votos perpetuos el 10 de octubre.
El 4 de junio de 1935 fue destinada a la casa de Granada. El 4 de agosto de 1950 pasó a Almería, de donde retornaría el 12 de agosto de 1953 para quedarse en Granada hasta su muerte el 24 de noviembre de 1982... a los 83 años y ¡58 de vida religiosa!
Cuentan que la hermana Stella jamás perdió la sonrisa. Uno de sus lemas: «Dios me dará fuerzas para aguantar lo que Él quiera, cuando quiera y hasta que Él lo quiera...»
Era tan querida la hermana Stella en Granada que, tras su muerte, quienes la habían tratado la invocaban en busca de gracias, favores y ayudas. Precisamente esta «devoción popular» fue la que movió a la Congregación de Religiosas de María Inmaculada a pedir a la madre general que se promoviera el proceso de canonización de la hermana Stella Iglesias Hidalgo.
Y así se hizo. El 27 de enero de 2008, bajo la presidencia del arzobispo de Granada Javier Martínez, se abría la causa en acto eclesial celebrado en la iglesia de Santiago en el que intervino también la hermana María Dolores Sueiras.
Nadie lo duda: la vida de Stella fue «un signo, un faro de luz y esperanza».
Ciertamente, no sufrió un martirio cruento, pero fue «una mártir de la vida diaria».
El proceso diocesano de canonización de Stella Iglesias Hidalgo se llevó a cabo en pocos meses. El 27 de junio de 2008 fue clausurado por el mismo arzobispo, el sacerdote delegado para la causa fray Javier Carnerero Peñalver, el promotor de justicia Carlos del Río, la madre general de la Congregación, María Dolores Sueiras, y la notaria Rocío González. Se firmaron las actas y se sellaron tres cajas de documentación. Una se ha quedado en el archivo diocesano. Y las otras dos fueron llevadas al Vaticano para su estudio en la Congregación para las Causas de los Santos, actualmente a cargo del cardenal José Saraiva Martins, claretiano nacido en Gagos de Jarmelo (Portugal) en 1932.
Dicen que Stella Iglesias Hidalgo era una mujer frágil, de baja estatura física, algo cheposita, pero nada fea. Eso sí, con un corazón inmenso y con una fortaleza asombrosa en el cumplimiento de su tarea: la práctica de la «caridad silenciosa».
Tanto de joven como en su madurez y en su vejez, la hermana Stella vivió siempre presta a servir a los demás. Era toda caridad y derrochaba amor con cuantos la trataban, muy especialmente con las jóvenes que dejaban sus familias en busca de trabajo.